KAMIKAZE MAGAZINE

LITERATURA

Daniel Adolfo Moreno, 04 de septiembre de 2024
NARRATIVA
TRES AHORCADOS
(OTRO CUENTO REAL-VISCERALISTA)

Francisco de Goya, grabado
3
EL VECINO DEL LOCO YONY
Pero el primer personaje que atentó contra su vida de la misma forma violenta fue el vecino del Loco Yony. Esta historia sucedió muchos años antes, con mucha anterioridad a los otros dos suicidios por ahorcamiento. Era yo muy niño. Debo de haber tenido entre siete y nueve años cuando pasó. Mis memorias de esta trama son vagos. Y cómo sucedieron esos acontecimientos o por qué, lo desconozco. No podría decir las motivaciones que empujaron a ese hombre hasta un desenlace tan trágico y triste, a tomar esa decisión de quitarse la vida de esa manera, ahorcándose en su casa. Lo que sí recuerdo es que el difunto fue vecino del loco Yony. Y al loco Yony sí que lo recuerdo por algunas cuestiones puntuales. Me acuerdo de su semblante, de su corte de cabello, de su ropa; también de lo que decía la gente de él. Lo primero que se me viene a la memoria del Yony, es que tenía un boliche de abarrotes y botillería, y lo recuerdo muy bien porque yo detestaba la atmósfera y el olor del lugar, y lo evitaba a toda costa, era mi última opción cuando mi vieja me pedía que fuera a comprar algo que necesitaba para las cuestiones diarias y domésticas de la casa. Y porque olía rancio, a uva vinagre. Y como en casa nunca hubo ni alcohol, ni cigarrillos, ni mucho menos droga – porque mis padres nunca probaron ni el alcohol, ni el cigarrillo-, siempre he odiado el olor a cigarrillo impregnado en las ropas de las gentes, y también siempre he sentido cierto rechazo por los borrachos, pero en el fondo, compasión…
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(Recuerdo que antes de que a mi viejo le saliera su casa propia, nosotros vivimos en la casa de mis abuelos paternos. Vivimos ahí hasta cuando yo tuve cinco años. En ese barrio, a mi papá todos lo adoraban porque mi viejo casi que fue futbolista. Era famoso en el barrio cuando era un adolescente por ser el mejor nueve. A mis tíos, los conocían por ser todos “juguitos de pelota” y eran el plantel básico de su equipo, de hecho, al plantel en esas ligas amateur se le conocía como los «Pepe-Pato», porque los mejores jugadores eran el Pepe y mi viejo, y sus hermanos (los de ese tal Pepe) conformaban también la otra mitad del equipo Así que, cuando acompañaba a mi papá por ahí, todos lo saludaban con alegría y afecto: “¡hola Patito!”; yo odiaba que se detuviera prácticamente en cada esquina, cada que lo saludaba alguien. A mí, me decían el “Patito chico”. Odiaba que me llamaran Patito chico. Me los quedaba mirando de lo más serio, y en mi mente les contestaba: no me llamo Pato chico, me llamo Daniel. Pero como un niño no le contesta a un adulto, me la comía callado. Otras veces, me hacía el desentendido, el que no escuchaba, …en fin. Recuerdo dos personajes en particular que siempre saludaban a mi viejo para mendigarle una moneda en la calle: El loco Cheo, y el Capitán Bisch, y mi viejo siempre les regalaba unos pesos; detestaba que mi papá se detuviera a saludar vagos, y sentía un extraño rechazo visceral por esa gente. Mi papá siempre me reprendió por ser tan soberbio desde tan chico. A medida que iba creciendo, y era el mejor en todo en la escuela, me sentía muy seguro de todas mis capacidades, y mi papá constantemente me decía que no fuera tan soberbio y arrogante, y engreído. Yo nunca tuve ningún dilema moral al respecto. Me resbalaba. Me sabía terriblemente inteligente, y los resultados estaban ahí: solamente 7s sobre 7s, hasta quinto grado, que fue cuando me aburrió toda esa tontera del formalismo y esa estructura social piramidal, y empecé a decir lo que pensaba y hacer lo que quería. Ahí me empezaron a llover las anotaciones negativas en los libros de clases. Pero es que soy de los que piensan que el respeto se gana; lo empecé a cavilar desde esa temprana edad.
Mi papá, por su comunidad cristiana visitó por varios años la Penitencieria. Yo siempre me quedaba rabiando porque no podía ir. Me intrigaba tanto ese lugar y lo que allí pasaba. Mi viejo me decía: “cómo se te ocurre, si ahí no entran niños”, y yo me quedaba en casa de lo más amurrado, porque yo quería andar entre grandes. Conocí varios personajes que se habían rehabilitado del mundo del hampa. Al que más recuerdo es al Pelo duro. Fue homicida. Hoy lleva muchos, muchos años siendo cristiano. Nunca lo volví a ver. Era un tipo simpatiquísimo. Le gustaba alardear de sus cadenas y sus anillos de oro. Lo recuerdo siempre sonriendo. La última vez que vi a Pelo duro, debo haber tenido unos trece años.)
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… No, nunca me han gustado los borrachos, por eso no me gustaba entrar al boliche del Loco Yony, porque en la entrada apilaban las jabas de cerveza y los pallets de botellas de vino, y apestaba a vinagre.
Fue en la casa contigua al boliche del Loco Yony donde ese hombre se suicidó. Es lo único que recuerdo muy bien. No podría decir qué tan adulto o qué tan joven era el muertito, porque cuando eres niño, los ves a todos más o menos adultos. No tengo en mis memorias tampoco un rostro para ponerle al individuo. Ni su complexión física, ni mucho menos su personalidad. Pero sí, nunca se me han olvidado dos cuestiones muy puntuales respecto de ese suicidio, porque lo escuché de los vecinos, y fue algo que se comentó mucho, porque la gente suele ser sensacionalista y muy chismosa con acontecimientos y desgracias de esta índole. Lo primero que no se me olvida es que la gente comentaba que se había colgado en la caja escala (que es un lugar propicio para darse muerte así, porque toda caja escala tiene doble altura.) Y el segundo detalle que nunca se me olvidó por lo escabroso, y que anduvo en boca de todo el vecindario, es que cuando lo encontraron, la lengua le colgaba hasta el ombligo.
04 de septiembre de 2024
